El Calendario Agrícola

El calendario constituye un claro ejemplo de la deuda cultural que la civilización de occidente tiene con la antigua Roma

El calendario que hoy está en uso es el que estableció Julio Cesar en el año 46 a. c.. Entonces había distintos calendarios en función de las diversas necesidades, administrativas, económicas, religiosas. Entre estos, el menologio rústico o calendario agrícola, en el que se indicaba la faena agrícola correspondiente a cada mes, será el más popular durante la Edad Media. Pero a diferencia del romano, que tenía un carácter eminentemente práctico, el medieval asume una función simbólica dentro de un contexto cristiano e introduce algunas variantes al adaptarlo a un nuevo tipo de sociedad cristiana y más ruralizada, con ayudas de los pueblos germanos, como puede ser la importancia que adquiere la matanza.

Además, con el paso del tiempo irá reflejando los cambios sociales y asumiendo nuevos contenidos simbólicos, hasta que en el siglo XVI se desliga definitivamente del ámbito religioso para convertirse en una excusa para la representación de escenas de la vida cotidiana en el campo.

Los menologios rústicos medievales estaban constituídos por una secuencia de imagenes de carácter costumbrista con el ciclo anual agrícola. En esta exposición reconstruímos la serie de los doce meses, siguiendo el modelo de la secuencia de faenas representadas en el calendario pétreo de la iglesia de Santa María de Azogue (Betanzos. A Coruña) a partir de una selección de fotografías de interes etnográfico, complementadas por imagenes extraídas de otros menologios medievales y con los correspondientes aperos agrícolas y utensilios más representativos de cada una de las faenas.

Como colofón, presentamos una pequeña sección dedicada a todas aquellas faenas y cargas que completaban la jornada de trabajo de la mujer campesina y que se venían a sumar a las faenas agrícolas de cada temporada. Así y todo, su trabajo no era reconocido como tal, y ni siquiera las estadísticas oficiales dejaban constancia de ello al registrar unicamente como trabajo produtivo la mano de obra masculina.